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A raíz de la pandemia, el interés general se desplazó desde el mundo público al privado: se adentró en los hogares, ya que eran las familias las que debían sostener económica y emocionalmente a un país completo en confinamiento. Así, aparecieron las madres. Esas mismas mujeres que ya participaban del mercado del trabajo, de la política y otros espacios públicos y que habían dejado la maternidad en una sala cuna, en la casa o con algún cuidador.

De pronto, las madres se hicieron importantes. Se les comenzó a nombrar en estudios, estadísticas, artículos, cartas y columnas. Empezó a preocupar su salud mental, sus ingresos, la pérdida del empleo, la escasa corresponsabilidad. Incluso si recibían o no la pensión alimenticia, algo impensado en otro tiempo. Cuando parecía que todo se había dicho, se publicó la Encuesta Casen 2020 revelando un aumento en la pobreza. Y aquí nuevamente eran protagonistas las madres y los niños menores de tres años, ya que más de un millón ochocientos mil hogares monoparentales tenían como jefa a una mujer y casi la mitad de ellos estaba en los quintiles de más bajos ingresos.

La alerta se había encendido: no podríamos sobrevivir a la pandemia sin proteger a las madres. Y entonces surgieron iniciativas como la ley de crianza protegida, el postnatal de emergencia y la retención de los fondos de pensiones a los deudores de pensión de alimentos. Ahora sí, por fin, se estaba tomando en serio a la mujer que es madre y la relevancia de su bienestar en el desarrollo del país. O, al menos, eso parecía.

La vuelta a cierta normalidad, la apertura de salas cunas, jardines infantiles, escuelas y colegios, volvió a desplazar la mirada hacia el espacio público. Y así debía ser. Sin embargo, la incapacidad de las políticas públicas para conectarse con la realidad de las familias chilenas y con la maternidad en particular, solo volvió a invisibilizar la sobrecarga de las madres. Esa problemática quedó confinada, con su pase de movilidad bloqueado. Y, siguiendo con la analogía pandémica, no se pensó en un esquema de vacunación contra las dificultades que enfrentan las madres para reintegrarse al trabajo, aunque sea informal como en el caso de las madres más vulnerables, quienes -además- son ajenas al teletrabajo. Para qué decir que todos estos obstáculos los enfrentan en peores condiciones habitacionales que años anteriores y con la incertidumbre de no contar con un cupo en sala cuna para sus hijos/as.

El adelanto de las vacaciones escolares de invierno volvió a levantar las alertas sobre la importancia de las madres, porque nuevamente serían ellas las principales responsables del cuidado de los hijos en la casa. Pero a la luz de la evidencia, no nos sorprendamos si al inicio del segundo semestre escolar no hemos avanzando en recuperar los más de 175 mil empleos de mujeres con niños/as en edad preescolar (UDP-Chile Mujeres 2022). O si los ingresos de las mujeres que lideran solas el hogar siguen siendo 35% inferior al de los hombres en igual situación (INE), lo que las obliga a recurrir a trabajos informales o simplemente a la “caridad” por falta de apoyo al cuidado de sus hijos/as. Esto no sólo pone de manifiesto lo lejos que estamos de superar la brecha entre mujeres y hombres, sino la de mujeres con y sin hijos: la denominada brecha por maternidad, acentuada por la pandemia y sus secuelas.

Es urgente, entonces, hablar de maternidad. Poner a las madres en el centro del debate público, acelerar medidas como la sala cuna universal, generar más empleos focalizados en mujeres que son madres, diseñar políticas y planes de protección a la maternidad que no sólo se restrinjan al trabajo y programas sociales concretos dirigidos a las más vulnerables. Ni más ni menos, es el desarrollo de la mujer y el de los niños/as lo que está en juego. Porque cuando aquella población menor de 3 años es una de las que presenta las mayores tasas de pobreza en Chile, seríamos muy miopes para no ver que son sus madres las pobres y que, si ellas dejan de serlo, ellos también.

Lo más significativo de esto, y que tiene relación con la esencia humana, es que las madres seguirán adelante por sus hijos, esté o no la maternidad en el centro del debate público. No pueden esperar a que se aprueben leyes y se implementen políticas. Ese es el espíritu que rescata la campaña “Mamás que Mueven el Mundo” y que, en su segundo año, recoge la experiencia de cientos de madres que buscan apoyo, que se las ingenian para generar sus ingresos, mantener sus hogares y cuidar a sus hijos.

Virginia Latorre, Directora Ejecutiva Fundación Emma

Columna publicada en Voces de La Tercera https://www.latercera.com/opinion/noticia/mamas-que-mueven-el-mundo/YODDG4OZTNDVXMD2VRJ6EOJQGE/